Un ganador de Tour o demasiada presión para Paul Seixas
Lo llevamos viviendo en el ciclismo desde el año 1985 cuando Bernard Hinault se convertía en el último ciclista francés en hacerse con el preciado maillot amarillo del Tour de Francia. Cada vez que un nuevo ciclista francés despunta inmediatamente se le cuelga el cartel de “futuro vencedor del Tour de Francia”. Un sambenito que ya el año pasado le cayó al jovencísimo Paul Seixas y que, tras lograr su primera victoria profesional en la Volta ao Algarve ocupa las portadas del mundo ciclista.

Francia ve en Paul Seixas al sucesor de Bernard Hinault tras su victoria en Volta ao Algarve
Desde hace más de 40 años los franceses están esperando la llegada del ciclista que sea capaz de volver a triunfar en los Campos Elíseos. Es por ello que cada vez que un ciclista francés comienza a despuntar pronto la presión mediática le exige ganar el Tour de Francia. Una presión que ha sido llevada de mejor o peor manera por quienes la han sufrido y que, en muchos casos han condicionado sus carreras.
Lo sufrió Fignon en el Tour que cedió por tan sólo 8 segundos frente a Greg Lemon. En los 90 el grandísimo escalador que era Richard Virenque vio su brillante carrera apocada por el hecho de no haber estado en disposición de vencer el Tour y, en los últimos tiempos, esta exigencia ha recaído en ciclistas como Romain Bardet o Thibau Pinot.
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Este último sufrió la presión más que ninguno, llegando a retirarse entre lágrimas cuando cedía en la decisiva etapa del Tour 2019, edición en la que se acabaría imponiendo Egan Bernal. Un hecho del que el ciclista francés no se recuperaría, dando por finalizada su carrera ciclista en 2023 alegando cansancio físico y mental cuando contaba con 33 años.
El año pasado fue el del debut profesional, con tan sólo 18 años, de Paul Seixas, la joven perla del Decathlohn-CMA CGM y que ha llevado al equipo en este 2026 a comenzar a crecer a su alrededor bajo la creencia ciega de que el Tour de Francia de 2030 debe de llevar su nombre. Lo cierto es que el francés tuvo una temporada brillante en este primera año en el World Tour. Si bien no logró ninguna victoria profesional, se impuso con claridad en el Tour del Porvenir, realizó un fantástico Critérium du Dauphiné y, en su momento cumbre del año, alcanzó el tercer escalón del podio del Campeonato de Europa tras dos monstruos de la talla de Tadej Pogacar y Remco Evenepoel.

Esta semana, en su debut en la temporada de su confirmación, en Volga ao Algarve, a las primeras de cambio conseguía una brillante victoria en el Alto da Foia, casualmente el mismo lugar donde, en el año 2019, un Tadej Pogacar que contaba con 20 años lograba también su primera victoria profesional. Por si fuera poco, Paul Seixas se imponía nada menos que a un killer en este tipo de etapas como Juan Ayuso y resistía en los últimos kilómetros la intensa ofensiva que llevó a cabo Joao Almeida.
Cierto es que Paul Seixas apunta buenísimas maneras y todo augura que tendrá un futuro brillante en el ciclismo. Sin embargo, demasiadas veces hemos visto los efectos destructivos que puede tener en un chaval que ni llega a los 20 años el hecho de volcar sobre él demasiadas expectativas.

De hecho, en España los sabemos muy bien ya que, tras la retirada de Miguel Indurain, el ciclismo español sufrió un síndrome parecido al de los franceses al que por suerte, pusieron remedio los Carlos Sastre, Pereiro o Contador. Sin embargo, antes de ello también se puso el cartel de ganador de Tour a ciclistas como Abrahan Olano, Francisco Mancebo, Santi Blanco, Joseba Beloki o Haimar Zubeldia que, pese a lograr buenos papeles en la ronda francesa nunca pudieron alcanzar el amarillo en un país en el que, aún a día de hoy, parece que si no has vencido el Tour no has sido nadie en el ciclismo.