La meteorología extrema será cada vez más habitual en carrera ¿qué dice el protocolo de la UCI?
Que el cambio climático es un hecho se puede comprobar en el ciclismo donde cada año es más habitual encontrar carreras que ven alterado su desarrollo a causa de lluvias intensas, nevadas, viento o incluso el calor. Desde 2015 la UCI cuenta con un protocolo que especifica cómo actuar cuando se producen estas situaciones.

El protocolo para clima extremo de la UCI cada vez más presente a causa del cambio climático
Hace tan sólo unos días, la Vuelta a Murcia, que recuperaba su formato por etapas tras años en los que se celebraba como carrera de un día, vio como no podía disputar la segunda de sus dos etapas a causa de los fortísimos vientos que azotaron durante esos días la fachada mediterránea del territorio español.
Una situación que se repite cada vez más a menudo en las pruebas ciclistas y que, en muchos casos afectan de forma seria a la seguridad e integridad física de los corredores. Para saber cómo actuar cuando se presentan estas situaciones, en el año 2015 la UCI estableció el protocolo de clima extremo que marca una guía de actuación.
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Este protocolo califica como situaciones extremas la presencia de lluvia helada, nieve en la carretera, vientos fuertes, contaminación, falta de visibilidad y, tras la actualización del mismo en el año 2024, se incluyeron las altas temperaturas como causa que puede alterar el desarrollo de la carrera.
En el momento en que se activa el protocolo representantes del organizador, de los ciclistas, de los equipos y de la UCI se reunen. Cualquiera de ellos puede ser quién active el protocolo. Una reunión en la que se debe de llegar a un consenso de forma que sean el organizador y el comisario de carrera quienes hagan oficial la solución adoptada. Acciones que van, como hemos visto muy a menudo en los últimos tiempos, desde la suspensión de la carrera, el recorte de la misma, utilizar un trazado alternativo o cualquier otra que se pueda acordar.

Muchas veces sin embargo, se ha acusado a este protocolo de ser poco específico y, por tanto, estar sujeto a las arbitrariedades de las que en algunas ocasiones se ha acusado a los ciclistas cuando hemos visto que un sector del pelotón optaba por parar mientras que otra parte deseaba competir.
Para ir poniendo solución a esto, en el caso de las altas temperaturas sí se establecen distintos umbrales referidos al denominado índice WBGT que especifica la temperatura efectiva que percibe el ciclista y se define teniendo en cuenta parámetros como la temperatura ambiente, velocidad del viento, humedad. Para cada uno de los umbrales se fijan diferentes recomendaciones. En los más extremos, nivel naranja, que se define entre 23 y 27,9 ºC WBGT se debe mantener a los ciclistas a la sombra antes de la salida o aumentar el número de motos neutras en carrera que proporcionen bebida y bolsas de hielo. En el más extremo, el rojo, por encima de 28 ºC WBGT se insta a la modificación de los horarios de salida y llegada y puede implicar la modificación del recorrido e incluso la cancelación.

Para evitar arbitrariedades, no son pocos los que piden un nivel de especificidad igual para el resto de condiciones meteorológicas que pueden producir una alteración en al competición, por ejemplo diferentes velocidades de viento o a qué intensidades de lluvia o nieve es necesario tomar medidas.