3000 kilojulios es la nueva referencia para saber quién rinde en el pelotón
A menudo se suele tomar como referencia los vatios por kilo que es capaz de generar un ciclista en diferentes tipos de esfuerzo. Sin embargo, el ciclismo es un deporte de resistencia y no es lo mismo realizar un esfuerzo estando fresco que en la parte final de una clásica de más de 200 kilómetros. Ahí es donde entra en juego la medición del gasto energético y la capacidad del ciclista para seguir generando grandes picos de potencia pese a la fatiga acumulada.

Entrenar para rendir en fatiga, el nuevo enfoque de entrenamiento
Cuando se habla de la resistencia como cualidad esencial del ciclista la mayoría simplemente piensa que se trata de ser capaz de recorrer, 180, 200 kilómetros a ritmo de competición. Sin embargo, la mayoría de cicloturistas medianamente entrenados son capaces de realizar esas distancias. ¿Dónde está entonces la diferencia? Esencialmente en que el cicloturista, al final de una marcha larga y dura suele arrastrarse mientras que el profesional, a menudo, ha de dar sus mejores números en el tramo final de esas maratonianas jornadas, en el momento donde la batalla se vuelve más cruenta y se decide el ganador.
Para obtener una medición de la resistencia de los ciclistas los entrenadores utilizan el gasto energético del ciclista que se mide en kilojulios y se calcula en función del gasto calórico del ciclista, teniendo en cuenta que no todas las calorías que consumimos se transforman en energía destinada al pedaleo sino que gran parte se desperdicia en forma de calor. Como dato, la eficiencia media de un ciclista viene a rondar el 22%. Un cálculo que hoy en día podemos obtener de forma sencilla en nuestros ciclocomputadores calculado en función de la potencia que genera el ciclista, su peso, su frecuencia cardíaca, etc.
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Un ciclista de élite de primer nivel, debería tener una caída mínima en su perfil de potencia comparando los números obtenidos estando fresco con los mismos test realizados en fatiga, tras un gasto energético de más de 3.000 kj, cifra que los entrenadores de escuadras como Red Bull-BORA-hansgrohe, equipo que más está insistiendo en este enfoque del entrenamiento ha fijado como diferenciadora a la hora de reconocer a los ciclistas de más nivel.
Es por esto que, cuando las carreras superan los 200 kilómetros, como ocurre en las grandes clásicas, muy pocos son los ciclistas que son capaces de “tener las piernas”, es decir, generar los vatios necesarios cuando llega la batalla final ya que hablamos de pruebas en las que el gasto energético supera ampliamente los 5.000 kj.
Por tanto, la novedad que supone esto para los entrenamientos, más allá de ratificar la importancia que el trabajo de resistencia en Zona 2 tiene para un ciclista profesional, sería el de trabajar la intensidad superada esa barrera de los 3.000 kj, es decir, ahora a los ciclistas les toca hacer su trabajo de series e intensidad como colofón a un rodaje previo de 3 o 4 horas, dependiendo de la intensidad de este rodaje y las características del ciclista, de forma que se acostumbre al organismo a generar vatios en condiciones de fatiga.

Por supuesto, para un cicloturista este margen se reduce sensiblemente ya que, a las intensidades a las que estos suelen rodar la barrera se situaría en torno a los 2.000 kj, 2.500 para los más entrenados. Aparte, unos sencillos test como comparar el resultado de una prueba de 20 minutos con la misma prueba realizada tras un rodaje en el que se hayan consumido esos 2.000 kj puede resultar muy útil para valorar nuestra resistencia.
Si la caída de potencia entre ambos test es inferior al 5% podemos considerar que nuestra capacidad aeróbica es alta. La media estaría entre el 5 y el 10% mientras que una caída de potencia entre ambas pruebas superior al 10% sería un claro indicativo de que tenemos que poner más énfasis en nuestro trabajo aeróbico, algo que siempre suele ser un problema para el cicloturista medio por el gran volumen, es decir, tiempo, que supone realizar rodajes en zona 2.