La apuesta de Carlos Coloma por algo que el mountain bike necesita más que nunca
El mountain bike de élite necesita grandes equipos, carreras internacionales y referentes capaces de atraer aficionados. Pero para garantizar su futuro necesita algo tan básico como niños y niñas que quieran montar en bici. Ese es precisamente el terreno en el que trabaja desde hace años el proyecto de Carlos Coloma y que acaba de reunir a 110 jóvenes de seis países durante la quinta edición de su Campus de Verano MTB en La Nucía.

El Campus de Carlos Coloma sigue haciendo crecer el MTB desde la base
Hablar de deporte de base no significa únicamente hablar de cantera o de descubrir al próximo campeón. De hecho, el propio Consejo Superior de Deportes plantea sus programas de apoyo al deporte de base con un objetivo mucho más amplio que consiste en aumentar el número de practicantes, favorecer la formación integral y, dentro de esa estructura, generar también las condiciones adecuadas para detectar y desarrollar talento.
Es una filosofía especialmente interesante cuando se traslada al mountain bike. Antes de tener corredores de Copa del Mundo hay que conseguir que haya niños que descubran el MTB, aprendan a manejar una bicicleta, encuentren un entorno en el que practicarlo y, sobre todo, quieran seguir montando en bici cuando sean mayores.
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La quinta edición del Campus de Verano MTB Carlos Coloma, celebrada entre el 27 y el 31 de julio en La Nucía, es un buen ejemplo de esa apuesta. Este año ha reunido a 110 niños y niñas, con un 25% de participación femenina y jóvenes llegados desde España, Polonia, México, Argentina, Reino Unido y Australia.
Unas cifras que también muestran hasta dónde ha crecido un proyecto que ya alcanza su quinta edición y que no está exclusivamente orientado a futuros corredores de competición.

Entre los participantes había desde niños que estaban dando sus primeros pasos en el mountain bike hasta jóvenes que ya se encuentran entre los mejores corredores nacionales de sus respectivas categorías. El 55% participó además en régimen interno, mientras que el restante 45% lo hizo como externo.
Precisamente esa variedad es una de las claves del deporte de base. No todos los que empiezan tienen que acabar compitiendo y mucho menos llegar a profesionales. Ampliar la base de practicantes también significa crear aficionados que incorporen el deporte a su vida y que, en el caso del ciclismo, puedan mantener durante décadas su relación con la bicicleta.
En el mountain bike hay además características especialmente interesantes para conseguirlo. Una revisión científica publicada recientemente sobre programas de MTB en adolescentes encontró asociaciones positivas con aspectos como la autoestima, la confianza, la resiliencia y la conexión social, aunque los propios autores advierten de que la evidencia disponible todavía es limitada y principalmente cualitativa. El aprendizaje técnico, la superación progresiva de obstáculos, la actividad física en la naturaleza y la convivencia en grupo aparecen como algunos de los elementos que pueden contribuir a esos beneficios.

Técnica antes que rendimiento
El planteamiento del campus de Coloma sigue precisamente esa dirección. Los participantes se dividieron en grupos según su edad, experiencia y nivel para realizar entrenamientos tanto en el Bike Park de La Nucía como en distintos espacios naturales del municipio.
El objetivo no se limitó a pedalear más rápido. Las sesiones incidieron en la técnica, el control de la bicicleta y la confianza sobre el terreno, tres aspectos especialmente importantes cuando alguien comienza en mountain bike y que posteriormente constituyen la base sobre la que desarrollar el rendimiento.
Es otro de los puntos que diferencia al MTB de otras modalidades ciclistas. Aprender a colocarse correctamente sobre la bicicleta, frenar, afrontar curvas, superar obstáculos o interpretar el terreno permite introducir una progresión técnica desde edades tempranas sin que el cronómetro tenga que convertirse necesariamente en el centro de la actividad.
De hecho, diferentes programas internacionales de iniciación al MTB utilizan planteamientos similares y destacan, junto al aprendizaje de habilidades sobre la bicicleta, aspectos como el trabajo en equipo, la perseverancia, la confianza o simplemente conseguir que los jóvenes disfruten montando y mantengan esa afición a largo plazo.
Mucho más que montar en bicicleta
El Campus de Verano MTB Carlos Coloma también ha querido ampliar esa formación más allá de los senderos.
Durante los cinco días se impartieron sesiones sobre nutrición, movilidad, estiramientos y mecánica, con las que los participantes pudieron aprender desde hábitos relacionados con la preparación y recuperación hasta conocimientos básicos para solucionar las incidencias mecánicas más habituales.
La programación se completó con actividades alejadas de la competición, como circuitos de tirolinas, una jornada en un parque acuático y actividades en piscina. Una parte lúdica que permitió convivir a jóvenes de distintas edades y, en esta edición, también de seis nacionalidades diferentes.

Todo el programa estuvo dirigido por Carlos Coloma, medallista de bronce en XCO en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y una de las figuras más importantes de la historia reciente del mountain bike español.
Su transición desde corredor de élite hacia la creación de estructuras deportivas y formativas cobra especial relevancia en un momento en el que el MTB necesita garantizar su relevo generacional.
Porque el futuro de una modalidad no puede medirse únicamente por el número de profesionales que consigue producir. Un deporte saludable necesita una base amplia de practicantes, clubes, escuelas, entrenadores, instalaciones y competiciones que permitan entrar, aprender y progresar. De esa masa acabarán apareciendo algunos corredores de élite, pero también miles de aficionados que seguirán practicando mountain bike durante años.