“Los ciclista están 100% en contra”: el nuevo plan antidopaje basado en datos de potencia genera polémica en el pelotón
El presidente de la Asociación de Ciclistas Profesionales, Adam Hansen, ha criticado públicamente el proyecto piloto con el que la Agencia Internacional de Controles (ITA) quiere usar los datos de potencia como herramienta de seguimiento a largo plazo para orientar controles antidopaje. Aunque el ensayo se plantea de forma voluntaria y arrancará con cuatro equipos en 2026, Hansen asegura que el pelotón ve la medida como una nueva fuente de presión y advierte de múltiples incógnitas técnicas y reglamentarias.
Qué es el “pasaporte de potencia” que se está probando y por qué se oponen los ciclistas
La idea, según ha explicado la propia UCI, es que la ITA está desarrollando una herramienta de monitorización del rendimiento basada en datos de potencia de ciclistas profesionales (masculinos) de carretera. El objetivo sería añadir una capa de “inteligencia” para afinar controles dirigidos, priorizar investigaciones y decidir qué muestras conviene analizar o almacenar a largo plazo.
En la práctica, y tal y como lo describe Hansen en su intervención en el podcast Domestique , el sistema exigiría que los ciclistas entreguen sus archivos de potencia para que los analistas puedan detectar patrones “anómalos” y, a partir de ahí, activar más controles específicos.

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Hansen sostiene que la posición de la CPA y de los corredores es “100% en contra” porque el planteamiento abre demasiadas preguntas sin respuesta. Entre sus preocupaciones, cita escenarios cotidianos: potenciómetros o ciclocomputadores que fallan, archivos que no se guardan, dispositivos que se quedan sin batería o se pierden. Su duda central es qué ocurriría si un corredor no puede (o no llega a) subir sus datos ¿podría acabar tratándose como un incumplimiento comparable a un control fallido? algo con consecuencias muy serias en antidopaje.
Además, cuestiona la fiabilidad de extraer conclusiones sólidas solo a partir de potencia. El rendimiento cambia con el plan del entrenador, la carga previa, el descanso, la cafeína, el trabajo de fuerza en gimnasio o incluso estrategias de entrenamiento como el uso de entornos con más oxígeno, factores que pueden alterar picos y “líneas base” sin que exista dopaje.
Para Hansen, el efecto colateral más inmediato es mental. Entiende que el “pasaporte de potencia” se sumaría a un ecosistema ya cargado (controles post-carrera, de localización y pasaporte biológico), aumentando la sensación de vigilancia y la presión administrativa, especialmente en los más jóvenes.

En la misma entrevista, Hansen también puso el foco en cambios recientes del sistema de localización que, según su relato, han generado más situaciones de estrés por “errores” o imprevistos del día a día (cambios de plan, viajes, o simplemente no oír el timbre). Esa experiencia es parte de su argumento. Cualquier capa nueva de obligaciones, si no está muy bien definida, puede acabar penalizando al corredor “por administración” más que por dopaje.
La receta de Hansen es tan directa como improbable. Propone que en lugar de ampliar el control por la vía de los datos de rendimiento, cree que el camino debería ser mejorar la capacidad de detección de sustancias prohibidas, algo que, en su visión, reduciría la carga psicológica y burocrática sobre los deportistas.