"Estamos llenos de rabia": los ciclistas reclaman mejores cascos y más seguridad tras la muerte de Finlay Tarling
"Estamos sin palabras y llenos de rabia"
La CPA publicó un contundente comunicado tras conocerse el fallecimiento del joven británico.
"Estamos sin palabras y llenos de rabia", señaló el sindicato. "No es justo que la vida de un joven deportista termine de esta manera y estamos furiosos porque todavía hoy no sea posible evitar accidentes tan graves".
La Volta a Portugal utilizaba durante la etapa un cierre móvil de carretera. Este sistema crea una burbuja alrededor de la carrera mediante vehículos de organización y policía que van cortando temporalmente cruces y accesos. Una vez pasa la competición, las carreteras vuelven progresivamente a abrirse. El problema aparece cuando quedan ciclistas muy retrasados respecto al pelotón.
El punto débil de los cierres móviles
Adam Hansen, presidente de la CPA, explicó a BBC Sport que los conductores pueden interpretar que la carrera ha terminado una vez han pasado la escapada y el pelotón principal, aunque todavía haya corredores por detrás.
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"Cuando pasa la escapada o el grupo principal, a veces los conductores piensan que eso es toda la carrera. Pero en realidad hay corredores detrás y en algunas etapas de montaña la diferencia puede ser de 45 minutos", explicó Hansen.
Las informaciones conocidas posteriormente sobre el accidente ayudan a entender por qué la CPA señala este problema.
Según declaraciones de Carlos Catanario, de la policía portuguesa, recogidas por RTP, Tarling estaba intentando recuperar terreno durante un descenso mientras el pelotón circulaba por delante dividido en varios grupos. El vehículo escoba, que marca la parte posterior del convoy y el final del cierre móvil, todavía estaba detrás del ciclista británico.
El conductor implicado habría permanecido detenido mientras pasaba parte de la carrera y posteriormente se incorporó a la carretera antes del paso del vehículo escoba. Circulaba en sentido contrario al de la competición cuando se produjo la colisión. La investigación policial continúa abierta y tendrá que esclarecer definitivamente las circunstancias y posibles responsabilidades.
La dificultad de cerrar cientos de kilómetros
Hansen reconoce que garantizar un cierre absoluto resulta extremadamente complicado. Una etapa puede superar los 150 kilómetros y atravesar cientos de cruces, carreteras secundarias, caminos y accesos particulares.
"Cerrar cada carretera y cada entrada es difícil", admitió el presidente de la CPA.
Precisamente ahí aparece uno de los mayores retos de seguridad del ciclismo: convertir temporalmente cientos de kilómetros de carreteras públicas en un terreno de competición completamente protegido.
El problema no es nuevo. Max Schachmann fue atropellado por un coche que había accedido al recorrido de Il Lombardia en 2020, y se han registrado otros incidentes y situaciones de peligro con vehículos ajenos a las carreras durante los últimos años.
La CPA también quiere revisar la seguridad de los cascos
Hansen ha aprovechado el debate para introducir otra cuestión que considera necesario abordar: los estándares de seguridad de los cascos utilizados por los profesionales.
"Una cosa que tenemos que revisar son los cascos. Necesitan una mejora importante", aseguró.
El presidente de la CPA señala específicamente la norma europea EN 1078 y considera que los requisitos mínimos establecidos para los cascos de ciclismo pueden quedarse cortos frente a las condiciones reales de una carrera profesional.
Hansen cita los 19,5 km/h como referencia de los ensayos de impacto asociados a la homologación y cuestiona que resulte suficiente para un deporte en el que los corredores pueden superar ampliamente los 80 km/h durante un descenso.
Esto no significa que los actuales cascos estén diseñados únicamente para proteger hasta 19,5 km/h. La cifra corresponde a las condiciones de determinados ensayos de homologación. El planteamiento de Hansen es que los cascos destinados al ciclismo profesional podrían necesitar estándares específicos que reflejen mejor las velocidades y riesgos de la competición.
Carreras cada vez más rápidas
El debate llega en un momento en el que las velocidades del ciclismo profesional continúan aumentando. Los avances en aerodinámica, material, entrenamiento y nutrición, unidos a una forma de competir cada vez más agresiva, han elevado notablemente el ritmo de las carreras.
Durante el último Tour de Francia, por ejemplo, la etapa 11 alcanzó una velocidad media de 50,91 km/h, la más rápida en la historia de la carrera.
La muerte de Tarling se suma además a otros accidentes mortales recientes, aunque producidos en circunstancias diferentes, como los de Gino Mäder en el Tour de Suisse 2023 y Muriel Furrer en el Mundial de Zúrich 2024.
Las críticas han llegado también desde fuera de la CPA. El exciclista profesional Jérôme Pineau calificó de "catastróficas" las medidas de seguridad de la Volta a Portugal y reclamó una mayor supervisión de la UCI sobre la capacidad de los organizadores para proteger los recorridos.
El fallecimiento de Finlay Tarling ha vuelto así a colocar la seguridad en el centro del ciclismo profesional. La CPA reclama revisar dos ámbitos diferentes pero fundamentales: cómo se protege una carrera frente al tráfico exterior y si el equipamiento de los ciclistas está evolucionando al mismo ritmo que las velocidades que alcanza actualmente el pelotón.