La altitud podría ocultar un nuevo sistema de dopaje casi indetectable según el nuevo libro de James Witts
El periodista británico James Witts acaba de publicar un nuevo libro que promete convertirse en una de las obras más controvertidas sobre el dopaje en el deporte moderno. Bajo el título Dope: How Drugs Changed Sport (Dope: Cómo las drogas cambiaron el deporte), el autor plantea una reflexión sobre la evolución de las prácticas dopantes y sostiene una teoría especialmente llamativa sobre el ciclismo profesional actual.
James Witts reabre el debate sobre el dopaje en el ciclismo en su nuevo libro
Por el momento, el libro solo está disponible en inglés, pero las primeras declaraciones de Witts ya han generado un intenso debate entre aficionados y especialistas.
La teoría del “coartada de la altitud”
Uno de los conceptos más llamativos que desarrolla Witts es el denominado “Altitude Alibi” o “coartada de la altitud”.

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Según explica en el adelanto del podcast The Roadman Cycling Podcast, los habituales entrenamientos en altura de los equipos WorldTour podrían ofrecer una cobertura perfecta para ocultar determinadas prácticas de dopaje mediante microdosis de EPO, un método que sería extremadamente difícil de detectar con el actual pasaporte biológico.
El razonamiento parte de un hecho conocido: la estancia en altitud provoca un aumento natural del hematocrito y de la producción de glóbulos rojos, exactamente el mismo efecto fisiológico que persigue la EPO.
Witts recuerda que el pasaporte biológico no detecta directamente sustancias dopantes, sino que monitoriza la evolución de los valores sanguíneos de cada corredor y busca desviaciones respecto a su perfil habitual. Sin embargo, durante una concentración en altura esos cambios son precisamente los que el sistema espera encontrar.

Su hipótesis es que algunos corredores podrían aprovechar esa circunstancia para administrar microdosis de EPO, haciendo que el incremento de los parámetros sanguíneos pareciera simplemente una consecuencia del entrenamiento en altitud.
En palabras del periodista, la concentración en altura dejaría de ser únicamente una preparación fisiológica para convertirse en una “coartada” que dificultaría distinguir una adaptación natural de una manipulación artificial.
Entrenar fuerte sin asumir el coste de la altitud
Witts también explica que los entrenamientos en altitud siempre implican un compromiso.
Si un ciclista duerme y entrena en altura obtiene una mayor adaptación fisiológica, pero la menor disponibilidad de oxígeno limita la intensidad de los entrenamientos. Por el contrario, si duerme en altura pero baja de altitud para realizar las sesiones más exigentes, puede mantener una mayor calidad de entrenamiento aunque pierde parte del beneficio hematológico.
Su teoría sostiene que, recurriendo a microdosis de EPO, un corredor podría mantener elevados sus valores sanguíneos sin depender completamente del estímulo de la altitud, permitiéndole entrenar a máxima intensidad mientras el pasaporte biológico interpretaría esos cambios como una respuesta fisiológica esperable.
Es importante señalar que esta explicación corresponde a una hipótesis planteada por James Witts en su libro y en el adelanto del podcast. El autor no aporta pruebas públicas que demuestren que esta práctica esté produciéndose de forma generalizada en el pelotón profesional.
“La ausencia de positivos no significa ausencia de culpables”
En una entrevista concedida a BikeRadar, Witts insiste en que el ciclismo actual es mucho más limpio que durante la época de Lance Armstrong y recuerda que no ha habido grandes escándalos de dopaje en el Tour de Francia desde entonces.
El periodista destaca que herramientas como el pasaporte biológico, implantado en 2008, junto con el sistema Whereabouts (la obligación de los deportistas de élite de informar a las autoridades antidopaje sobre su ubicación exacta para permitir controles sorpresa en cualquier momento del año), han dificultado enormemente el dopaje organizado que caracterizó décadas anteriores.
No obstante, también advierte de que siguen existiendo limitaciones.
“Como hemos visto muchas veces antes, la ausencia de positivos no significa necesariamente ausencia de culpables.”
Para ilustrarlo recuerda el caso de Lance Armstrong, quien durante años defendió públicamente haber superado cientos de controles antidopaje antes de reconocer posteriormente el sistema de dopaje organizado que utilizó.
Microdosis, controles nocturnos y el reto de la inteligencia artificial
En el libro, Witts también aborda otras posibles debilidades de la lucha antidopaje.
Entre ellas cita la dificultad para detectar microdosis de EPO, la existencia de determinadas franjas horarias con menor probabilidad de controles y las limitaciones presupuestarias de los programas antidopaje internacionales.
Además, alerta de un desafío de futuro: la posibilidad de que la inteligencia artificial acelere el desarrollo de nuevos compuestos dopantes a un ritmo superior al que pueden evolucionar los métodos de detección.
Un libro que promete generar debate
Pese a plantear escenarios preocupantes, Witts deja claro tanto en BikeRadar como en el adelanto del podcast que no existe evidencia pública de un dopaje generalizado en el ciclismo profesional actual.
Su tesis no pretende afirmar que el pelotón esté dopándose de forma sistemática, sino abrir el debate sobre las posibles zonas grises que todavía podrían existir dentro del sistema antidopaje moderno y sobre si las herramientas actuales serán suficientes para afrontar los retos del futuro.
Con esa combinación de historia, investigación y análisis crítico, Dope: Cómo las drogas cambiaron el deporte apunta a convertirse en una de las publicaciones más comentadas del año entre quienes siguen de cerca el ciclismo profesional.