Cómo saber qué es lo que suena en tu bici y cómo arreglarlo
Los ruidos en la bici pueden ser una de las cosas más desesperantes para un ciclista, especialmente para los de carretera donde estos pasan mucho menos desapercibidos al no quedar ocultos por el ruido de los neumáticos al pedalear sobre caminos o piedras. Unos ruidos que a veces se trasforman en un auténtico dolor de cabeza, incluso para los mecánicos más expertos, cuando se trata de determinar su origen. Aquí te indicamos unas líneas generales para ponerles coto.

CSI ciclista, a la búsqueda de ruido oculto
Afrontar una ruta larga sobre nuestra bici y tener que soportar constantemente un traqueteo, un crujido o chirridos cada vez que tocamos el freno es algo que puede llegar a desquiciar a cualquiera. Incluso, si nos vamos al extremo, incluso puede convertirse en un problema de seguridad al llegar al punto de que el ciclista vaya más preocupado del ruido que le tortura que de prestar la necesaria atención al terreno.
Cierto es que las bicis de hoy en día son máquinas tremendamente fiables que, con un poco de mantenimiento, nos pueden ofrecer miles de kilómetros de satisfacciones. Sin embargo, como todo elemento mecánico, siempre es susceptible de fallar, tener desajustes o sufrir fricciones y vibraciones no deseadas.
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Generalmente la suciedad suele ser gran aliada de los ruidos. Mantener la bici limpia y bien lubricada suele acabar con una gran cantidad de ellos. Sin embargo, también hay que ser precavidos a la hora de lavar la bici ya que si aplicamos con excesiva insistencia agua a presión es posible que acabemos con la grasa que protege y lubrica los rodamientos y sea peor el remedio que la enfermedad.
Estas son algunas de las más comunes en nuestra máquinas y que se acaban convirtiendo en molestos ruidos.
Chasquidos
Sin duda, de todos los ruidos que aquejan a las bicicletas, los más exasperantes. Pueden ser rítmicos y constantes, aparecer sólo cuando pedaleamos o ser puntuales lo que se traduce en que en muchas ocasiones resulta muy complicado encontrar su origen.
El primer sospechoso siempre que aparecen chasquidos, sobre todo cuando son rítmicos, es las zona de la caja de pedalier, sobre todo si vuestra bicicleta utiliza un pedalier de tipo press fit. Cuando esto ocurre, el primer punto a revisar pasa por retirar las bielas y limpiar la zona de restos de barrillo, agua o cualquier otra suciedad. Tanto las bielas como los apoyos en los rodamientos. Comprobaremos que los rodamientos de la caja de pedalier giran de forma suave sin puntos duros o rascar y, por supuesto, que no tienen holguras.

Tras hacerlo aplicaremos grasa, mejor si es teflonada a fin de añadir mayor resistencia al agua y volveremos a montar las bielas y fijarlas a los pares de apriete establecidos por los fabricantes. Si el problema persistiera, no tendríamos más remedio que extraer los rodamientos. Algo sencillo si nuestro cuadro utiliza una caja con rosca tipo BSA y que requiere herramientas específicas de taller si es del tipo press fit. En ambos casos, limpiaremos la caja de pedalier y sustituiremos los rodamientos ante cualquier atisbo de no girar finos. Por supuesto, la grasa antes de volver a montar las cazoletas volverá a ser nuestra aliada.
Otra fuente de chasquidos rítmicos es algo tan tonto como la válvula de las ruedas si es que sois usuarios de cámaras. Especialmente en el caso de usar ruedas de carbono con bastante perfil y válvulas largas. La pequeña oscilación y el golpeteo de la válvula en el agujero puede ser origen de un ruido a menudo bastante complicado de localizar y se se solventa con algo tan simple como un pequeño recuadro de cinta aislante pinchado en la válvula y pegado en la llanta que evita su movimiento.

Sin irnos de las ruedas, también hemos encontrado como origen de chasquidos metálicos a los radios de algunas de ellas, ya sea en sus asientos en el buje como en el apoyo de las cabecillas en las llantas. Un ruido que es especialmente patente al ponerse de pie. Una gotita de aceite de cadena en estas zonas a menudo acaba con estos ruidos que, de todas formas, cada vez son menos habituales con las ruedas actuales que se radian con tensiones muy altas minimizando las flexiones.
Por último, otro clásico, el sillín y sus raíles en contacto con la tija. A menudo su origen es un mal asentamiento de los raíles en las acanaladuras de la tija que se solventa siendo minuciosos en la colocación del sillín, verificando que nuestra tija es compatible con el tipo de raíles del sillín -redondos u ovalados- y que el par de apriete aplicado está en el rango especificado por el fabricante de la tija.
Chirridos
Al contrario que los chasquidos, su origen suele ser más sencillo de determinar aunque su solución no siempre es sencilla. Los más habituales, los que afectan a la transmisión y que, a menudo suelen venir provocados por un mal mantenimiento de la misma. Recordad que una transmisión limpia durará en perfecto funcionamiento mucho más tiempo y que, a la hora de lubricar la cadena, es mejor quedarse corto que abusar del aceite. Una gotita de lubricante por el lado interno en cada eslabón es suficiente. Más significa que la suciedad se pegará más fácil y provocará un engrudo, mezcla de grasa y tierrecilla que se convierte en autentica lija que acorta la vida de la transmisión.
No está de más, cuando la veamos especialmente sucia, desmontar cadena, casette y si tenéis cambio electrónico que es una tarea sencilla, también el cambio para echarlos en un recipiente con desengrasante y, con un poco de paciencia y un cepillo de dientes viejo, dejarlos totalmente impolutos.

Los frenos de disco son otra fuente de chirridos habitual más allá de los roces que suelen aparecer por un mal ajuste. Si el problema es este último, lo primero que haremos para eliminar el ruido es el clásico soltar la pinza, apretar el freno para que esta vaya a su sitio y volver a apretar los tornillos. Sin embargo, muchas veces este método no resulta por el hecho de que los pistones no presionan a la par el disco.
Solventar esto es algo más complejo y pasa por retirar las pastillas, sacar un poco los pistones, con cuidado de que no se salgan de su alojamiento y, con un pequeño bastoncillo, limpiar los laterales de los pistones y lubricarlos con el propio líquido del sistema: DOT o aceite mineral. Después, con un útil de plástico que no los dañe (un desmontable de rueda es ideal) los devolvemos a su alojamiento, repitiendo la operación varias veces hasta que los pistones salgan de forma pareja.
A veces, sin embargo, los chirridos en los frenos son algo inevitable. Muchas veces provocados por la pequeña vibración de las pastillas en su alojamiento, que no siempre encajan a la perfección, sobre todo si usamos alternativas no originales de menor calidad. Sustituir las pastillas a menudo resuelve el problema. En todo caso, dependiendo del compuesto de las pastillas, hay que señalar que con lluvia prácticamente todos los discos chillan en mayor o menor medida.

Sin llegar a ser chillidos, pero también pueden ser origen de un rumor constante los rodamientos de las ruedas según se van deteriorando con el uso. Como la mayoría de ruedas del mercado en la actualidad utilizan rodamientos sellados, el mantenimiento pasa por abrir el buje y comprobar que el giro sea suave y sin holguras. Si algo de esto ocurre, no dudéis en sustituirlos, preferiblemente por unos de calidad que garantizan más tiempo sin problemas.
Otro tanto se puede decir de la dirección o los basculantes en las bicis de montaña. En todo lugar donde haya un rodamiento es preciso mantenerlos limpios, lubricados con grasa para reducir la posibilidad de entrada de agua y correctamente apretados a su punto correcto, sustituyéndolos en cuando su giro no sea suave o aparezcan holguras.
Crujidos
Dejamos para el final los más peligrosos y preocupantes y es que, cuando escuchamos crujidos secos debemos plantearnos que alguna de nuestras piezas de carbono puede estar a punto de claudicar. Aquí las comprobaciones pasan por repasar minuciosamente, mirando detalladamente con una linterna, el cuadro, tija, manillar, ruedas, etc. para tratar de encontrar alguna fisura visible. También presionaremos, sin miedo, a lo largo de la superficie de esas piezas para tratar de reproducir el ruido y, en el caso del manillar, lo retorceremos a conciencia con la bici en el suelo. Si el ruido se reprodujera, inmediatamente habrá que dejar de utilizar ese componente.
Los puntos comunes de aparición de problemas en el carbono son los aprietes de las manetas en el manillar, la fijación de la potencia sobre el tubo de sillín, el tubo horizontal en la zona de giro del manillar que puede golpearse en una caída, la unión de las vainas con la caja de pedalier y el interior del tubo de sillín en la zona donde la cuña de apriete de la tija hace fuerza.

Para evitar sufrir problemas de este tipo, cuando se trata con piezas de carbono es obligado que todos los aprietes se realicen con llave dinamométrica a los pares especificados por los fabricantes y aplicar pasta antifricción en zonas de contacto como la tija del sillín o entre manillar y potencia.
Cuando todo falla
Si a pesar de todo no conseguimos dar con el origen del ruido, no nos quedará más remedio que seguir un método de ensayo y error. Retirando piezas, limpiándolas y lubricándolas y volviendo a colocar. Así sucesivamente hasta dar con el origen del ruido que a veces puede venir de lugares tan insospechados como un simple roce de las calas con los pedales por un mal gesto de pedaleo.
En el peor de los casos desmontar la bici, limpiar todos sus componentes a conciencia y volverla a montar como si fuera nueva puede acabar siendo el último recurso aunque sea algo complicado para la mayoría ya que requiere ciertos conocimientos de mecánica y contar con una serie de herramientas específicas que no se suelen encontrar en los talleres domésticos.