"Ha sido la vez que más al límite he llegado": Van der Poel y Pogacar convierten el final del Tour en un espectáculo para la historia

Carretera 27/07/26 12:59 Ignacio P.

Han tenido que pasar décadas para que el Tour de Francia encontrara la fórmula para acabar con una de sus tradiciones más criticadas: la última etapa convertida en un paseo ceremonial hasta los Campos Elíseos. La inclusión de la subida a Montmartre el año pasado ya fue un éxito, pero la edición de 2026 ha confirmado definitivamente el acierto de la organización. Y no solo por el recorrido, sino porque los protagonistas decidieron correr hasta el último metro.

Van der Poel convierte París en una obra de arte y firma una de las victorias más memorables del Tour

Si en 2025 fue Tadej Pogačar quien, con el Tour ya sentenciado, se lanzó a disputar la victoria frente a Wout van Aert, esta vez el esloveno volvió a ofrecer espectáculo junto a Mathieu van der Poel. Ambos se marcharon en la última ascensión a Montmartre y colaboraron hasta el final, incluso cuando el propio Pogačar ya intuía que sus opciones de ganar eran mínimas si llegaba al sprint junto al neerlandés.holew85xqaizgc5-1785150449029-0

Fue una demostración más de la forma de entender el ciclismo de dos corredores que rara vez especulan. Mientras el pelotón se lanzaba a toda velocidad por detrás, ninguno dejó de relevar. El escenario parecía sacado de una película. Javier Ares lo resumía durante la retransmisión asegurando que el desenlace tenía guion cinematográfico, mientras que Carlos de Andrés confesaba que, por primera vez en muchos años, tenía auténticas ganas de comentar una última etapa del Tour, acostumbrado como estaba a finales donde las estadísticas y las anécdotas ocupaban más tiempo que la propia carrera.

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Un final que llevaba un año preparando

La realidad es que buena parte de aquel desenlace comenzó a escribirse doce meses antes. Van der Poel no pudo disputar el final del Tour de 2025 después de abandonar por una neumonía y vio desde el sofá de su casa cómo Van Aert conquistaba la etapa atacando precisamente en Montmartre.

Después de la victoria, el neerlandés explicó en declaraciones a NOS que aquel momento quedó grabado en su cabeza. “Llevaba un año pensando en esto. El año pasado estaba enfermo en el sofá viendo cómo Wout ganaba aquí y entonces pensé que al año siguiente iba a darlo todo por conquistar esta etapa”, confesó.

Y cumplió exactamente ese plan.

El sprint más agónico de toda su carrera

Los últimos metros fueron un auténtico ejercicio de supervivencia. Van der Poel llegó a la recta final tras dejar atrás a quien él mismo considera “quizá el mejor ciclista de la historia”, en referencia a Pogačar, y todavía tuvo que resistir el regreso de los mejores velocistas del pelotón.

El propio campeón reconoció que nunca había llevado su cuerpo tan al límite.

“Creo que todo el mundo ha visto que puedo llegar muy profundo en un final, pero esta vez probablemente ha sido la vez que más al límite he llegado en toda mi carrera”, explicó.

Con apenas 500 metros para la meta dio por perdida la victoria, pero decidió vaciarse por completo.

“Pensé que todo había terminado. Con 500 metros por delante creí que ya no tenía nada que perder, bajé la cabeza y fui tan fuerte como pude hasta la línea de meta”, relató.

La imagen de la llegada resume perfectamente ese esfuerzo. Van der Poel exprimió cada músculo de su cuerpo hasta el extremo. Después incluso bromeó asegurando que en los últimos metros estaba empujando “hasta con el dedo gordo del pie”.

Una victoria decidida por media rueda

En apenas unos segundos ocurrió absolutamente de todo. Mientras Van der Poel agonizaba para mantener unos centímetros de ventaja, Jasper Philipsen también realizó un trabajo decisivo, entrando justo por delante de Mads Pedersen y dificultando la remontada del danés. Finalmente, el neerlandés cruzó la meta con apenas media rueda de margen.

Tras más de cuatro horas de carrera y después de haber protagonizado el ataque decisivo junto a Pogačar, Van der Poel todavía fue capaz de desarrollar una potencia explosiva extraordinaria en el sprint final, una combinación de resistencia y explosividad que muy pocos corredores son capaces de ofrecer después de semejante desgaste.

La emoción también afloró después de la llegada, algo poco habitual en un corredor que ha construido un palmarés repleto de Monumentos, títulos mundiales y victorias históricas.

“Ya no suelo emocionarme mucho, pero hoy sí me emocioné un poco”, reconoció antes de situar este triunfo entre los tres mejores de toda su carrera.

Porque más allá del prestigio de ganar en los Campos Elíseos, esta victoria tiene un significado especial. Fue soñada durante un año entero, ejecutada con precisión en el escenario perfecto y culminada con el sprint más profundo de toda su trayectoria. Una auténtica obra de arte ciclista que merece ser vista una y otra vez.

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