Sí funciona y la ciencia lo confirma: ya no basta con rodar, el entrenamiento de fuerza te hace mejorar

Entrenamiento 07/04/26 13:00 Codinach

“Los futbolistas profesionales entrenan con cargas en el campo, los nadadores practican con paletas en las manos y los atletas de otros deportes realizan distintos ejercicios para mejorar su rendimiento incrementando la memoria muscular. Hay demasiados ciclistas que solo ruedan sobre sus bicicletas”. Mike Kolin.

Desde hace años existe un debate constante sobre el papel del entrenamiento de fuerza en el ciclismo. La duda sigue siendo la misma, si realmente es necesario o si aporta mejoras reales durante la temporada.

¿Es necesario que los ciclistas hagan ejercicios de fuerza?

La respuesta es clara. El cuerpo humano cuenta con más de 660 músculos, cuya fuerza y flexibilidad influyen directamente en el rendimiento. No es un detalle menor, ya que representan entre el 40 y el 55 por ciento de la masa corporal. Por ello, desarrollar todas sus capacidades debería ser una prioridad.

Sí funciona y la ciencia lo confirma: ya no basta con rodar, el entrenamiento de fuerza te hace mejorar

En ciclismo, la fuerza es la herramienta que permite superar uno de los principales factores limitantes, la capacidad de aplicar más fuerza al pedal durante más tiempo. Esto tiene un impacto directo en situaciones clave como los sprints, las subidas o las contrarrelojes.

Además, la evidencia científica respalda este enfoque. El trabajo de fuerza mejora tanto la potencia relativa en w/kg como la potencia absoluta del ciclista, y también contribuye a aumentar la capacidad aeróbica, reflejada en el VO2max.

A pesar de estos datos, todavía existen dudas. Uno de los argumentos más habituales es el posible aumento de peso corporal debido al entrenamiento en el gimnasio. Es cierto que puede producirse una ganancia de peso, pero en el caso de un trabajo específico de fuerza máxima suele ser muy limitada, en torno a 1 o 2 kg.

La clave está en analizar la potencia relativa, es decir, los vatios generados en relación con el peso corporal. En la mayoría de los casos, el incremento de potencia es mucho mayor que el aumento de peso, lo que se traduce en una mejora clara del rendimiento en competición.

¿Qué factores debo tener en cuenta para desarrollar un programa de fuerza y cómo hacerlo?

El primer punto es la individualización. No todos los ciclistas deben entrenar la fuerza de la misma manera, y hay varios factores clave que hay que tener en cuenta:

Nivel de experiencia

No es lo mismo iniciarse en el trabajo de fuerza que llevar varios años entrenándolo. En las primeras etapas, lo recomendable es trabajar con cargas medias o ligeras. En cambio, un deportista con experiencia podrá utilizar cargas medias o altas, especialmente en fases de fuerza máxima.

Periodización

El trabajo de fuerza y el de resistencia tienen demandas opuestas en cuanto a volumen e intensidad. Por ello, es fundamental planificar en qué momento del año se realiza cada tipo de trabajo, así como su intensidad, volumen y frecuencia semanal.

Sí funciona y la ciencia lo confirma: ya no basta con rodar, el entrenamiento de fuerza te hace mejorar

Calentamiento y relajación

Es imprescindible realizar siempre un calentamiento previo de unos diez minutos de actividad aeróbica. Al finalizar la sesión de fuerza, es recomendable utilizar la bici estática con muy poca resistencia y alta cadencia para favorecer la recuperación.

Trabajo progresivo

El paso de una fase a otra debe hacerse con cuidado, especialmente al comenzar con la fuerza máxima. La progresión debe ser gradual para evitar riesgos innecesarios.

Orden de ejercicios

El orden no es un detalle menor. Los ejercicios se estructuran en función de los objetivos de cada fase y deben seguir una progresión lógica que permita mejorar el rendimiento y facilitar la recuperación.

Intensidad del trabajo

La intensidad se determina habitualmente en función del porcentaje de una repetición máxima o 1 RM, que representa la carga máxima que se puede mover en una sola repetición. También se puede controlar mediante la percepción del esfuerzo o la velocidad de ejecución, aunque esto último requiere material específico poco habitual en gimnasios convencionales.

Intervalos de recuperación

La recuperación es tan importante como el propio ejercicio. Los tiempos de descanso permiten eliminar metabolitos como el lactato, reducir la frecuencia cardiaca y reponer las reservas energéticas necesarias para el siguiente esfuerzo.

Fases del entrenamiento de fuerza

Teniendo en cuenta todos estos factores, el trabajo de fuerza se estructura en diferentes fases dentro de la planificación anual:

  • Adaptación anatómica: Es la fase inicial y tiene como objetivo preparar músculos y tendones para cargas más altas en el futuro. Se incluyen más ejercicios que en otras fases para trabajar la fuerza general. Coincide con un menor volumen de entrenamiento en bici, lo que permite dedicar más tiempo al gimnasio. Se realizan entre dos y tres sesiones por semana, con 2 a 5 series de 20 a 30 repeticiones y descansos de entre 1 y 1 minuto y medio.
  • Fuerza máxima:Es una fase exigente y con mayor riesgo de lesión, por lo que es fundamental progresar de forma controlada. Se entrena entre dos y tres veces por semana, con 3 o 4 series de hasta 8 repeticiones, ajustando el número según la evolución. Los descansos entre series oscilan entre 2 y 4 minutos.
  • Mantenimiento de la fuerza o resistencia a la fuerza: Esta fase se mantiene durante gran parte del año. El objetivo es conservar las adaptaciones logradas, combinando el trabajo en el gimnasio con ejercicios específicos sobre la bicicleta, como rodar a baja cadencia o trabajar en subida sentado. Se realizan una o dos sesiones semanales, con 2 o 3 series de 5 a 8 repeticiones a cargas medias o altas. Aunque el trabajo en bici puede parecer suficiente, es importante no descuidar la fuerza general, especialmente la zona central.

En conclusión, el entrenamiento de fuerza es un elemento imprescindible para mejorar el rendimiento en ciclismo. Aumentar la fuerza se traduce directamente en una mayor capacidad de aplicar potencia sobre el pedal, lo que mejora la velocidad y la eficiencia.

Además, permite mantener esa capacidad durante más tiempo en esfuerzos prolongados y responder a las exigencias de la competición con picos de potencia cuando más se necesitan.

A todo esto se suma un aspecto muchas veces olvidado, su papel en la prevención de lesiones, lo que convierte al trabajo de fuerza en una herramienta clave para cualquier ciclista que quiera rendir al máximo durante toda la temporada.

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