“Sabemos de un francés que no ha tenido controles de madrugada”: crece la polémica por la campaña antidopaje en el Tour
Los controles antidopaje nocturnos del Tour de Francia 2026 han abierto un debate que ya va mucho más allá del descanso de los corredores. Después de las inspecciones realizadas de madrugada a Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard, y de confirmarse que otros equipos también han recibido visitas de la International Testing Agency (ITA) durante las últimas jornadas, empiezan a aparecer voces dentro del pelotón que cuestionan si el objetivo de este despliegue es realmente detectar nuevos casos de dopaje o, sobre todo, transmitir la imagen de que el ciclismo está haciendo todo lo posible por combatirlo.
¿Campaña antidopaje o fuegos artificales?
Nadie ha llegado tan lejos como Matej Mohoric, aunque no ha sido el único en alimentar un debate que cada día gana más fuerza. El corredor del Bahrain Victorious confirmó en declaraciones a Siol.net, que su equipo también fue despertado alrededor de las cinco de la mañana para pasar un control antidopaje.
“Para nosotros es incómodo. Interrumpe nuestro descanso y consume mucha energía. Una vez nos hicieron un control a las cinco de la mañana, que para nosotros es prácticamente mitad de la noche.”
Mohoric entiende que el ciclismo sigue pagando las consecuencias de su pasado, pero considera que el sistema actual ha perdido parte del equilibrio.
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“Estamos pagando por el pasado del ciclismo. Pero aun así debería haber ciertos límites humanos o, al menos, garantizar que sea igual para todos.”
El esloveno fue todavía más contundente al cuestionar la filosofía que hay detrás del operativo de la ITA.
“La agencia que realiza los controles tiene un presupuesto importante y de alguna manera tiene que justificarlo. Creo que es un negocio; tienen que demostrar que están trabajando, que hacen controles y que el deporte es limpio y justo.”
Pero la crítica de Mohoric no quedó ahí y dejó caer que no todos los aspirantes a la clasificación general han recibido el mismo tratamiento, apuntando directamente —aunque sin citarlo por su nombre— al joven francés Paul Seixas, cuarto de la general y gran esperanza del ciclismo francés.
“Sabemos que un corredor francés que está muy bien situado en la clasificación general no tuvo este control.” 
Las palabras del esloveno han alimentado las especulaciones sobre si todos los favoritos están siendo sometidos al mismo nivel de vigilancia. Pero, lo cierto es que Seixas y el Decathlon CMA CGM, también tuvieron controles antidopaje, aunque dentro del horario habitual, y no durante la madrugada.
Cada vez más voces cuestionan el enfoque
La sensación de que el operativo está sirviendo también para lanzar un mensaje público de firmeza empieza a extenderse. La CPA (Asociación de Ciclistas Profesionales) ya expresó hace unos días su apoyo total a la lucha antidopaje, pero pidió replantear la utilidad de unos controles que interrumpen el descanso en plena Gran Vuelta.
Su presidente, Adam Hansen, fue muy claro: “Los ciclistas actuales están pagando por los errores de generaciones anteriores. ¿Es eso justo?”
El australiano defendió que la prioridad debería ser desarrollar métodos de detección más eficaces y menos invasivos, en lugar de incrementar las inspecciones nocturnas.
Pero no todos comparten esa visión. Uno de los mayores defensores de los controles nocturnos ha sido Jonathan Vaughters, director del EF Education-EasyPost y antiguo corredor que reconoció haberse dopado durante su carrera.
Para el estadounidense, precisamente porque conoce cómo funcionaban las prácticas dopantes hace dos décadas, este tipo de controles son una de las herramientas más eficaces para detectar microdosis de EPO, hormona del crecimiento o testosterona.
En declaraciones recogidas por IDLProCycling y posteriormente ampliadas en una entrevista con Daniel Benson, Vaughters defendió que recuperar la credibilidad del ciclismo exige medidas incómodas.
“Cada vez que puedes implantar un método realmente eficaz para prevenir las microdosis y acallar a quienes insinúan constantemente que los mejores corredores se dopan sin ninguna prueba, es algo positivo para la credibilidad del deporte.”
Una reflexión que conecta con la pregunta que planteaba esta semana el periodista Barry Ryan en IDLProCycling: ¿el ciclismo quiere realmente luchar contra el dopaje o simplemente demostrar que lo hace?
El precedente del monóxido de carbono
En 2024 salió a la luz que varios equipos de primer nivel estaban utilizando de forma habitual la reinhalación de monóxido de carbono (CO) mediante sistemas de rebreathing, una práctica inicialmente empleada para medir la masa de hemoglobina, pero que también podía utilizarse con fines relacionados con el rendimiento y el seguimiento fisiológico.
Pero la investigación no nació de un operativo antidopaje. Fue el medio Escape Collective quien destapó el uso generalizado de estos dispositivos entre algunos de los principales equipos del WorldTour. La repercusión fue tal que la UCI acabó reaccionando y prohibiendo posteriormente el uso repetido de esta técnica fuera de un contexto estrictamente médico.
Aquel episodio dejó la sensación incómoda de que una de las prácticas más controvertidas de los últimos años salió a la luz gracias al trabajo periodístico y no como consecuencia directa del sistema de controles antidopaje.
Precisamente por ello, mientras unos consideran que las inspecciones nocturnas son imprescindibles para detectar formas de dopaje prácticamente invisibles, otros empiezan a preguntarse si el enorme despliegue visto en este Tour está orientado principalmente a encontrar nuevos casos o a reforzar la confianza pública en un deporte que todavía convive con las cicatrices de su pasado.