La revancha de Poulidor

Berto Gallego - 2016-03-03 13:44:06 - Carretera

Dicen que sólo las victorias otorgan la gloria. Que para entrar en la historia y acceder al reducido grupo de los deportistas que son recordados décadas después de su retirada, es necesario imponerse a los mejores en los más grandes escenarios. Que nadie recuerda al finalista, al segundo y al tercero del cajón. Mienten: la victoria elige al campeón pero no a la leyenda.

Raymond Poulidor fue campeón de la Vuelta a España y se impuso en grandes clásicas como Milán-San Remo y Flecha Valona. Fue uno de los grandes ciclistas de su época, escalador diesel y aseado contrarrelojista, pero pasó a la historia como el eterno segundón. Tres segundos puestos (1964, 1965 y 1974) y cinco terceros (1962, 1966, 1969 y 1976) en el Tour de Francia, además de un segundo (1974) y tres terceros (1961, 1964, 1966) en el Mundial en Ruta le hicieron justo acreedor de dicho sobrenombre.

Pero la realidad es que nadie que haya montado una bicicleta profesionalmente ha sido adorado en Francia como Pou Pou. Su primer gran rival y 5 veces ganador de la ronda gala, Jacques Anquetil, era guapo, de familia acaudalada y para algunos excesivamente descortés, incluso prepotente en las formas. Los orígenes de Raymond eran humildes, descendiente de trabajadores de un campo que él también sembró. De rasgos toscos, era cercano y natural. Representaba el esfuerzo y era el espejo de un pueblo que -esto es muy humano pero más francés- empatizaba más con el débil que con el sempiterno campeón.

Tras la retirada de Monsieur Crono le tocó vivir a la sombra del más grande, Eddy Merckx. Se retiró en 1976 con 8 podiums y 11 top tens en 14 participaciones en el legendario julio francés. No vistió ni un solo día el maillot de líder de la carrera.

La revancha de la genética

Avancemos a 1995. El excepcional ciclista Adrie van der Poel, campeón del mundo de ciclocrós (1996) y de la Lieja-Bastoña-Lieja (1988) entre otras en ruta, acaba de tener un hijo con Corinne, hija de Raymond Poulidor. Su nombre es Mathieu van der Poel.

Hoy, 20 años después, es para muchos el mayor talento bruto del panorama ciclista. Tras proclamarse dos veces campeón del mundo junior de ciclo-cross (2012 y 2013) y una en ruta (2013), decidió centrarse en la disciplina favorita de su padre, en el barro y no en la carretera. Hace escasos meses se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia del ciclocrós en categoría profesional.

La pregunta, más que si lo hará, es cuándo decidirá empezar a compaginar el calendario de ruta con el de ciclocrós. Si logrará ser el primer campeón del mundo de ambas modalidades, si confirmará que por su punta de velocidad, potencia y finura es un potencial ganador de cualquier clásica, de los cinco monumentos. Y si Raymond, el eterno segundón, podrá ver por fin a un Poulidor vistiendo, aunque sea por un día, el maillot amarillo que tan esquivo le fue. El que selecciona a los campeones pero no forja las leyendas.

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