"Dejo que decida mi intuición": Van der Poel explica por qué nunca prepara un plan antes de correr
Mathieu van der Poel tiene una forma de competir que no siempre encaja con la lógica táctica del ciclismo profesional. Ataca cuando lo considera oportuno, colabora con sus rivales incluso cuando puede salir perjudicado y rara vez parece preocupado por ahorrar fuerzas. El neerlandés explicó qué hay detrás de esa mentalidad y por qué considera que es la mejor manera de afrontar las carreras.
Van der Poel explica su manera de correr: sin un plan cerrado y confiando en las sensaciones
Recuperando unas declaraciones que Mathieu van der Poel realizó en agosto durante una entrevista con Pirelli. Sus palabras ayudan a entender una de las claves de su actitud en competición y también algunas de las decisiones que más críticas le han generado. Durante el Tour de Flandes 2026, por ejemplo, se cuestionó que colaborara dando relevos a Tadej Pogačar cuando ambos marchaban escapados, en lugar de adoptar una actitud más conservadora para intentar desgastar al esloveno. Sin embargo, Van der Poel ya defendió entonces su manera de correr y dejó claro que no pensaba cambiarla por una estrategia basada únicamente en gestionar sus fuerzas respecto a las de su rival.
Su explicaciones a Pirelli permiten comprender mejor esa postura. Ahí, Van der Poel reconoce que no acostumbra a diseñar una estrategia cerrada antes de tomar la salida. Conoce el recorrido, identifica los puntos donde será importante estar delante y sabe interpretar sus sensaciones, pero prefiere decidir qué hacer a medida que se desarrolla la carrera.
"Durante una carrera pueden pasar tantas cosas que siempre intento correr por instinto y nunca preparo realmente un plan antes de la salida", explica el neerlandés.
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"Por supuesto, sé que hay momentos clave en los que necesitas estar delante, pero para el resto dejo que decida mi intuición".
No se trata de desconocer la táctica ni de renunciar a la preparación. Su filosofía consiste en no quedar condicionado por una estrategia que podría dejar de tener sentido en cuanto cambien las circunstancias.
Y, según reconoce, hay otro motivo importante para hacerlo así: "Este enfoque me funciona mentalmente, me mantiene relajado porque simplemente estoy preparado para cualquier escenario".

Por qué sigue dando relevos a Pogačar aunque pueda perjudicarle
Uno de los mejores ejemplos de esa filosofía se produjo durante el pasado Tour de Flandes. Van der Poel fue el último corredor capaz de resistir el ritmo de Pogačar, pero su decisión de seguir colaborando con él provocó críticas.
Desde una perspectiva estrictamente táctica, dejar de dar relevos podía parecer una alternativa para conservar energía y obligar al esloveno a asumir todo el trabajo. Sin embargo, el neerlandés nunca ha mostrado demasiado interés en desarrollar ese tipo de planteamientos cuando considera que puede competir por la victoria.
En la previa de la París-Roubaix ya explicó su postura: "Hice lo que tenía que hacer. Estaba en posición de ganar, pero no creo que no colaborar hubiera cambiado el resultado o aumentado mis opciones".
También introdujo un argumento que iba más allá del rendimiento deportivo: "No colaborar también habría sido un poco antideportivo. Tadej y yo nos vamos a cruzar durante años. Es mejor llevarse bien".
Van der Poel prefiere participar activamente en la carrera, aprovechar sus oportunidades y aceptar que esa elección puede terminar favoreciendo a otro corredor. Es su manera de competir, aunque no siempre sea la opción más conservadora.
"Hoy en día se trata simplemente de ser el más fuerte"
El neerlandés también considera que el propio ciclismo está cambiando y que esa evolución ha reducido, en determinados escenarios, el margen para las estrategias tradicionales.
"Creo que hoy en día se trata simplemente de ser el más fuerte. El ciclismo ha cambiado un poco en los últimos años; dejando la táctica a un lado, necesitas unas piernas excepcionales para ganar una carrera".
Para explicar esa transformación pone dos ejemplos recientes. Hace unos años resultaba difícil imaginar que el movimiento decisivo de la Milán-San Remo pudiera producirse en la Cipressa. Ahora es un punto en el que los favoritos deben estar perfectamente colocados.
Algo parecido sucede en el Tour de Flandes, donde en 2026 la selección decisiva comenzó a unos 100 kilómetros de meta.
Este endurecimiento de las clásicas obliga a los corredores a permanecer atentos durante mucho más tiempo y deja menos oportunidades para reservar fuerzas esperando un momento concreto.
Van der Poel reconoce que en algunas de sus mejores actuaciones la superioridad física ha terminado imponiéndose a cualquier planteamiento táctico. Cuando las piernas responden de manera excepcional, muchas decisiones pierden parte de su importancia.
Una intuición que también ha desarrollado gracias al ciclocross y el MTB
La capacidad para interpretar una carrera no aparece de forma espontánea. Van der Poel lleva toda su vida acostumbrado a tomar decisiones rápidas sobre la bicicleta, especialmente en disciplinas donde las condiciones cambian constantemente.
El neerlandés considera que el ciclocross ha contribuido a desarrollar esa habilidad. Leer el barro, escoger una trazada o decidir qué presión de neumáticos utilizar son aspectos que exigen observación y capacidad de adaptación.
En MTB sucede algo parecido, con múltiples alternativas para superar un obstáculo y muy poco tiempo para decidir cuál es la mejor.
Esa experiencia también se traslada a pruebas como la París-Roubaix, donde la elección de las presiones o la manera de afrontar un sector adoquinado pueden tener tanta importancia como la potencia.
Van der Poel reconoce que siempre ha disfrutado con esa parte del ciclismo, aunque algunas decisiones resulten difíciles de explicar porque dependen fundamentalmente de las sensaciones. Su filosofía competitiva parece seguir el mismo principio: observar, interpretar y actuar.