Cómo aflojar unos pedales que están demasiado apretados: trucos para sacarlos sin romper nada

Mecánica 11/08/26 07:42 Manuel

Cambiar unos pedales suele ser una de las operaciones de mecánica más sencillas que podemos hacer en casa. El problema aparece cuando metemos la llave, hacemos fuerza y aquello no se mueve ni un milímetro. Un pedal que lleva años instalado, una rosca sin grasa o simplemente un apriete excesivo pueden convertir una tarea de cinco minutos en una auténtica batalla.

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Si simplemente tienes dudas sobre cómo desmontar unos pedales y hacia qué lado hay que girar, en esta guía explicamos paso a paso cómo cambiar los pedales de cualquier bicicleta. Aquí vamos un poco más allá: qué podemos hacer cuando el pedal está tan duro que parece imposible sacarlo.Cómo aflojar unos pedales que están demasiado apretados: trucos para sacarlos sin romper nada

Antes de hacer fuerza, comprueba que estás girando hacia el lado correcto

Parece demasiado básico, pero es lo primero que debemos comprobar antes de sacar una llave más grande. Los dos pedales utilizan roscas diferentes precisamente para evitar que se aflojen durante el uso.

Mirando la bicicleta desde cada lateral:

  • Pedal derecho, lado de la transmisión: se afloja en sentido antihorario.

  • Pedal izquierdo: se afloja en sentido horario.

Una forma sencilla de recordarlo es pensar que, para desmontarlos, ambos pedales giran hacia la parte trasera de la bicicleta cuando trabajamos con una llave sobre las caras del eje.

La cosa se vuelve menos intuitiva cuando el pedal solo permite introducir una llave Allen desde la cara interior de la biela. Al cambiar nuestro punto de vista es fácil equivocarse y acabar apretando todavía más aquello que pretendíamos soltar.

La herramienta puede ser más importante que nuestra fuerza

Antes de recurrir a soluciones drásticas conviene utilizar una herramienta adecuada. Dependiendo del pedal necesitaremos normalmente una llave específica de pedales de 15 mm o una llave Allen, habitualmente de 6 u 8 mm según el modelo.

Si el eje dispone de caras para una llave de pedales, una herramienta larga y rígida facilita muchísimo el trabajo. Una pequeña multiherramienta que llevamos en el maillot puede servir perfectamente para montar o desmontar un pedal que está en buenas condiciones, pero ofrece muy poca palanca cuando tenemos delante uno realmente bloqueado.

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También es importante que la herramienta esté bien encajada en la rosca. Si una llave Allen queda introducida sólo parcialmente y comenzamos a aplicar grandes fuerzas, podemos redondear el hueco del eje y convertir un problema relativamente sencillo en otro bastante más serio.

Coloca bien las bielas para multiplicar la fuerza

La diferencia entre pelearse durante diez minutos con un pedal y conseguir soltarlo en unos segundos puede estar simplemente en cómo colocamos la llave y las bielas.

Lo que necesitamos es palanca. Cuanto mayor sea la distancia entre el punto donde aplicamos la fuerza y el eje del pedal, mayor será el par que podremos ejercer con el mismo esfuerzo.

Por eso, con un pedal especialmente duro, interesa utilizar una llave larga y buscar una posición en la que podamos aplicar el peso del cuerpo de forma controlada. Con determinados pedales resulta incluso más efectivo apoyar un pie sobre el pedal o sujetar la biela contraria mientras presionamos sobre la herramienta.

En estos casos suele ser preferible trabajar con la bicicleta apoyada firmemente en el suelo en lugar de suspendida en un soporte de taller. Así podemos estabilizarla mucho mejor y aprovechar nuestro peso.

Y hay una precaución especialmente importante: coloca la cadena en el plato grande. Si finalmente el pedal cede de golpe, nuestra mano puede terminar directamente contra los dientes del plato. Cubrirlos con la cadena reduce bastante las posibilidades de acabar con un buen corte.

Más palanca, pero con cabeza

Si una llave convencional no es suficiente, el siguiente recurso es aumentar su longitud.

Una llave de pedales larga permite aplicar mucho más par que una herramienta corta. También existe el clásico recurso de prolongar una llave robusta mediante un tubo, aunque aquí entramos ya en un terreno en el que conviene extremar las precauciones.

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Una palanca enorme permite generar fuerzas sorprendentemente altas. El pedal puede terminar saliendo, sí, pero también podemos dañar el alojamiento de la herramienta, el eje o incluso la propia biela si la situación es extrema.

Antes de llegar a ese punto merece la pena probar otro método menos agresivo.

Un aceite penetrante puede hacer el trabajo por ti

Cuando un pedal lleva muchísimo tiempo montado, el problema no tiene por qué ser únicamente que se apretara demasiado. La humedad y el paso del tiempo pueden favorecer la corrosión entre las roscas y hacer que la unión quede prácticamente bloqueada.

En ese caso podemos aplicar aceite penetrante en la zona donde el eje del pedal entra en la biela y dejarlo actuar antes de volver a intentarlo.

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No hay que esperar necesariamente un resultado instantáneo. Si el pedal está realmente agarrotado, dejar actuar el producto durante más tiempo puede ser mucho más efectivo que seguir aumentando la fuerza sin descanso.

Después volvemos a colocar correctamente la llave y probamos de nuevo aprovechando toda la longitud de la herramienta.

Los pequeños golpes también pueden ayudar

Otra posibilidad es aplicar golpes secos y controlados sobre el extremo de la llave, preferiblemente con una maza de goma o una herramienta que no dañe directamente la llave.

La idea no es golpear la biela ni el pedal sin control. Esos pequeños impactos pueden ayudar a romper la unión provocada por la corrosión y conseguir que la rosca comience finalmente a moverse.

En cuanto notemos el primer movimiento, dejamos de utilizar métodos de fuerza y continuamos desenroscando normalmente.

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¿Y aplicar calor?

El calor aparece con frecuencia entre los métodos para desmontar uniones metálicas agarrotadas y puede funcionar porque los distintos materiales se dilatan de manera diferente. En una combinación habitual de biela de aluminio y eje de acero, calentar cuidadosamente la zona de la rosca puede ayudar a liberar una unión bloqueada. OJO tu biela no sea de carbono que si aplicas calor te la cargas.

Sin embargo, no es una técnica que recomendemos como primera opción en una bicicleta moderna. Un exceso de temperatura puede afectar al acabado de la biela y a componentes próximos, y la situación requiere todavía más precaución si hablamos de componentes de carbono o si previamente hemos aplicado productos inflamables.

Si hemos llegado al punto en el que estamos pensando en aplicar mucho calor o una fuerza desproporcionada, probablemente sea más sensato pasar al último paso.

Hay un momento en el que merece la pena parar

Si el pedal continúa sin moverse después de utilizar una buena herramienta, aceite penetrante y una cantidad razonable de palanca, seguir aumentando la fuerza puede salir caro.

Especialmente si empezamos a observar que el alojamiento Allen se está redondeando, la llave resbala o la biela comienza a sufrir, es mejor detenerse.

Un taller dispone de herramientas largas, útiles específicos y, sobre todo, experiencia desmontando componentes mucho más agarrotados. Sacar un pedal tiene solución; reparar una rosca dañada en una biela de carbono o aluminio puede ser bastante más complicado y caro.

El mejor truco es evitar que vuelva a ocurrir

Una vez conseguido nuestro objetivo, merece la pena dedicar un minuto a evitar repetir la experiencia.

Hay que limpiar las roscas del pedal y de la biela y aplicar grasa adecuada antes del montaje. No es únicamente una recomendación de mecánico: fabricantes como Shimano indican expresamente que se aplique grasa a la rosca para evitar que el pedal quede agarrotado.

También debemos olvidarnos del método de "apretar todo lo que podamos". Los pedales necesitan un apriete firme, pero debemos respetar siempre el par especificado por el fabricante. Como referencia, Shimano establece 35-55 Nm para muchos de sus pedales, mientras que LOOK, por ejemplo, especifica 25 Nm para sus X-Track y 40 Nm para los Kéo, por lo que no existe una cifra universal válida para cualquier modelo.

Con la rosca limpia, correctamente lubricada y el par adecuado, la próxima vez que tengamos que desmontar los pedales probablemente volvamos a descubrir que esta operación, en realidad, debería durar apenas unos minutos.

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