Davide Martinelli, de ciclista profesional a bicimensajero en mitad de la pandemia

Carretera 2 abr. 2020 13:04 Ignacio P.

El ciclista profesional del equipo Astana, Davide Martinelli, es uno de los millones de ciudadanos en Italia que están luchando contra el Coronavirus. Equipado con una mascarilla, guantes y su bicicleta, cada día reparte con sus bicicleta alimentos y medicamentos a las personas más vulnerables. Y que nadie piense que lo hace por "entrenar" ya que apenas realiza kilómetros (para un ciclista profesional) y diariamente está muy expuesto a contraer la enfermedad.

Martinelli, el ciclista del Astana que lucha con su bici contra el Coronavirus

El ciclista del Astana vive en Lodettesi, al norte de Italia, una de las regiones más castigadas del mundo por el coronavirus y en un momento decidió que no podía quedarse de brazos cruzados en su casa, tenía que ayudar. Así ha explicado el propio Martinelli cómo surgió la idea y cómo está siendo su labor:

"Todo nació gracias a un grupo de jóvenes de Lodettesi, entre los que se encontraba mi primo Stefano, que organizaron la entrega a domicilio de medicamentos y alimentos a las personas, especialmente a los ancianos, que no tienen la posibilidad de ir a Rovato a comprarlos."

"He escuchado varias historias, que me han conmovido, de personas incapaces de ir a nuestra capital que, gracias a estos voluntarios, han resuelto sus problemas! A lo largo de los años he recibido mucho de mi comunidad pero no había tenido la oportunidad de devolverlo debido a la vida que a menudo me lleva a estar lejos de casa."

"Estoy muy apegado a mi Lodetto, una comunidad de poco más de 1500 personas, donde por desgracia no hay ni farmacia ni tienda de comestibles! Dentro de mí pienso: esta es mi oportunidad de hacerme útil y devolverle el favor a las muchas personas que siempre me han apoyado a lo largo de los años, y echar una mano a aquellos que lo necesitan en este momento."

"Tengo una bicicleta, 2 piernas (ahora no muy entrenadas) y una mochila, y nada... hoy tuve el honor de ir a la farmacia a recoger algunas medicinas para una pareja de ancianos, en total 30 minutos y unos diez kilómetros, nada especial para un profesiona, pero cuando las entregué en la puerta de la casa, obviamente con las precauciones necesarias (mascarilla y guantes) sentí un agradecimiento, que todavía ahora retumba en mi cabeza."

"Soy el hombre más feliz del mundo, el ciclismo es hermoso, todo es hermoso, pero ser útil a los demás no tiene precio."

Esperamos que pronto todo esto acabe y Martinelli pueda seguir entrenando con normalidad, pero sin duda que en su región se ha ganado aún más el cariño de sus vecinos.

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