"Llevad siempre guantes": la advertencia de Paul Seixas tras su caída en Dauphiné
La caída sufrida por Paul Seixas durante la séptima etapa del Tour Auvergne-Rhône-Alpes 2026 le obligaron a retirarse de carrera al día siguiente. Pero las consecuencias podrían haber sido mucho peores para el joven corredor del Decathlon CMA CGM si no hubiera llevado guantes.

Paul Seixas reabre el debate de los guantes: “Llevadlos siempre”
Tras el accidente, el francés recordó que los guantes siguen siendo una de las protecciones más eficaces que puede llevar un ciclista.
“Deslicé como un trineo, sobre el pecho”, explicó Seixas en declaraciones recogidas por Cyclingnews. “Me fui raspando contra la carretera. Creo que estuve deslizándome durante 20 o 30 metros. Sobre asfalto seco eso no te hace ningún favor”.
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El corredor francés destacó especialmente el daño sufrido en las manos, una de las zonas más expuestas cuando se produce una caída a alta velocidad.
“Cuando te deslizas sobre las manos a 70 km/h, tus manos pagan un precio muy alto”, afirmó.
Paradójicamente, Seixas sí llevaba guantes en el momento del accidente. Unos guantes cortos tradicionales que acabaron completamente destrozados tras el impacto.

“Lo que me salvó hoy quizá fueron los guantes, porque los guantes quedaron completamente rotos”, explicó.
“Iba con guantes y aun así mis manos quedaron muy dañadas. Sin guantes no creo que hubiera podido volver a arrancar”.
Y remató su mensaje con una recomendación directa que repitió en varias entrevistas posteriores: “Llevad siempre guantes cuando salgáis a montar”.
Una prenda cada vez menos habitual en el pelotón
Las palabras de Seixas contrastan con una tendencia cada vez más evidente tanto entre profesionales como entre aficionados. Hace apenas una década era extraño ver a un corredor sin guantes. Hoy ocurre justo lo contrario.
Las imágenes de figuras como Tadej Pogačar, Mathieu van der Poel o Remco Evenepoel muestran que muchos de los grandes nombres del ciclismo actual compiten habitualmente sin ellos, incluso en carreras tan exigentes como las clásicas.
El cambio tiene varias explicaciones. Por un lado, las bicicletas modernas son más ergonómicas y cómodas, y la necesidad de utilizar acolchados para reducir la presión sobre los nervios de la mano ha disminuido considerablemente. Además, el tacto de la mano desnuda tiene más precisión y esa es una de las razones que se le han oído al propio Van der Poel.

También existe un componente relacionado con la comodidad térmica. Las manos y las muñecas cuentan con numerosos vasos sanguíneos muy próximos a la superficie de la piel, por lo que mantenerlas descubiertas favorece la disipación del calor y mejora la sensación de frescor en jornadas de altas temperaturas.
A ello se suma una cuestión estética que ha ganado peso en el ciclismo moderno. Competir sin guantes se ha convertido en una imagen habitual entre los profesionales y muchos aficionados han terminado adoptando esa misma tendencia.
Incluso hay una vuelta de tuerca más, y se la hemos visto a Evnepoel: no llevar guantes en carrera y llevarlos en el podio. El propio ciclista reconoció que es por puro marketing ya que hay un patrocinador en su guantes que debe mostrar en el podio.
Protección frente a comodidad
Sin embargo, el accidente de Seixas ha servido para recordar la principal función de los guantes cuando todo sale mal.
Aunque los modelos actuales no están diseñados específicamente como un elemento de protección homologado, las palmas fabricadas en materiales sintéticos o cuero siguen actuando como una primera barrera frente a la abrasión del asfalto.
En una caída a más de 60 o 70 km/h, las manos suelen ser uno de los primeros puntos de contacto con el suelo. Las quemaduras por fricción pueden llegar a ser extremadamente dolorosas e incluso impedir sujetar el manillar y continuar en carrera.
Precisamente eso fue lo que vivió Seixas. A pesar de llevar guantes, acabó con ambas manos seriamente dañadas. Sin esa protección mínima, probablemente no habría podido volver a subirse a la bicicleta y quien sabe si podría haber condicionado por completo su preparación hacia el Tour de Francia.
Es llamativo que en una época obsesionada con la aerodinámica, el peso y la ventilación, haya sido el joven francés de 19 años el que haya recordado una realidad tan simple como difícil de discutir después de una caída sobre el asfalto.