Pidcock insiste en competir en el Red Bull Rampage y explica por qué no le gustan las Grandes Vueltas
Tom Pidcock demostró en la pasada Vuelta a España que puede competir por la clasificación general de una Gran Vuelta. El británico terminó tercero y consiguió el mejor resultado de su carrera en una prueba de tres semanas, pero ni siquiera aquel éxito parece haber cambiado por completo su relación con este tipo de carreras. Ahora, durante el Tour de Francia, ha reconocido abiertamente que las Grandes Vueltas no son precisamente el formato de competición con el que más disfruta.
¿Por qué no le gustan las Grandes Vueltas a Pidcock?
"Realmente no disfruto de las Grandes Vueltas", reconoció Pidcock durante una entrevista con Sporza. Una afirmación que puede resultar sorprendente después de verle subir al podio de la Vuelta en 2025, pero que el propio corredor del Pinarello-Q36.5 explica por las particulares exigencias físicas y, sobre todo, mentales de competir durante tres semanas.
El problema para Pidcock no es únicamente tener que afrontar 21 etapas. Lo que más le cuesta es aceptar que, cuando se disputa una clasificación general, buena parte de los días no se corre para ganar, sino simplemente para sobrevivir, conservar la posición y perder el menor tiempo posible.
"Cada día luchas y sufres, pero no puedes pelear por la victoria todos los días. A veces simplemente tienes que sufrir para limitar las pérdidas. Mentalmente, eso es bastante duro para mí", explicó.
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Su forma de entender el ciclismo ayuda a comprender esta dificultad. Pidcock ha construido buena parte de su carrera alrededor de disciplinas y carreras en las que los cambios de ritmo, la técnica y la capacidad para improvisar tienen un peso fundamental. Ha sido campeón del mundo y olímpico de XCO, campeón del mundo de ciclocross y ganador de algunas de las carreras más prestigiosas del calendario de carretera.
Las Grandes Vueltas, especialmente cuando el objetivo es luchar por la general, exigen una forma de competir diferente. Hay etapas en las que atacar resulta imposible o innecesario, jornadas en las que el único objetivo es permanecer junto a los rivales y largos puertos en los que cualquier exceso puede pagarse varios días después.
Precisamente las grandes ascensiones son otro de los aspectos de este tipo de carreras que menos encajan con las preferencias de Pidcock.
"Me gusta la variedad y las carreras con subidas cortas. Una subida larga me da demasiado tiempo para pensar", aseguró el británico.
Pese a todo, su experiencia en la Vuelta a España de 2025 demostró que puede adaptarse a esas exigencias. Pidcock reconoció que fue disfrutando más de aquella carrera a medida que avanzaban las etapas y que considera su tercer puesto final como uno de los mayores logros de su trayectoria.
"La Vuelta del año pasado me gustó más a medida que avanzaba. Creo que aquello fue un logro enorme para mí", explicó.
La paradoja es evidente. Pidcock ha demostrado tener capacidad para subir al podio de una Gran Vuelta, pero el tipo de ciclismo necesario para conseguirlo no es necesariamente el que más le gusta practicar.
El propio corredor ya había explicado antes del Tour de Francia 2026 que quería afrontar la carrera sin objetivos demasiado rígidos. En el podcast Going Mental de Jan Frodeno aseguró que su intención era competir con mayor libertad y reducir la presión alrededor de sus resultados.
"Este año no voy con ninguna expectativa. Quiero competir, quiero divertirme y el resto llegará", afirmó entonces.
También reconoció la particular dureza del Tour, una carrera capaz de ofrecer las mayores satisfacciones, pero también de convertirse en un lugar especialmente difícil cuando las cosas no salen según lo previsto.
"Cuando va bien, no hay un lugar mejor para rendir. Pero cuando no va bien, puede ser miserable".
Su actuación en la novena etapa del Tour, con final en Ussel, mostró precisamente la versión de Pidcock que parece disfrutar más sobre la bicicleta. El británico se metió en la escapada, corrió de forma agresiva y estuvo en la lucha por la victoria hasta terminar tercero por detrás de Mathieu van der Poel y Tobias Halland Johannessen.
Un problema mecánico terminó condicionando sus opciones en el tramo decisivo. Posteriormente, el propio Pidcock explicó que una pequeña piedra se había introducido en el pulsador de la maneta derecha e impedía utilizar correctamente el cambio.
Más allá del resultado, aquella jornada reflejó bien la diferencia entre el Pidcock que debe gestionar esfuerzos y minimizar pérdidas durante tres semanas y el corredor agresivo e imprevisible que busca oportunidades para atacar y ganar carreras.
Sus grandes objetivos deportivos también parecen apuntar en esa dirección. Después de defender con éxito su título olímpico de XCO en París, Pidcock quiere dar un nuevo paso en carretera ganando un Monumento, mientras que el maillot arcoíris continúa siendo, según sus propias palabras, el objetivo definitivo.
Fuera del ciclismo profesional, sus planes son todavía más variados. Durante la entrevista con Sporza reveló que en su particular lista de deseos aparecen retos como escalar el Everest, competir en automovilismo y disputar el Rally de Montecarlo, participar en el Red Bull Rampage, conseguir un récord Guinness o saltar desde el puente ferroviario del Whistler Mountain Bike Park.
Una colección de objetivos que, en cierta medida, también ayuda a entender su personalidad deportiva. Pidcock busca variedad, nuevos estímulos y retos diferentes. Y aunque ya ha demostrado que puede estar entre los mejores durante tres semanas, las Grandes Vueltas le obligan precisamente a hacer algo que parece costarle especialmente: contenerse, gestionar y aceptar que no todos los días se puede correr para ganar.