¿Necesitas un potenciómetro para ser mejor ciclista?

Entrenamiento 21 nov. 2021 14:11 Redacción

Partiendo de la idea de que el mejor ciclista no es el que más watios mueve, sino aquel que consigue llegar el primero desde un “punto A” a un “punto B”. El potenciómetro no va a ser más, que otra herramienta para mejorar el rendimiento. Aquí van algunas ideas para aquellos que no tienen o no quieren entrenar con potenciómetro.

¿Qué aporta realmente el potenciómetro?

El potenciómetro nos proporciona mayor número de datos de cada entrenamiento y una buena gestión de toda esta información nos puede permitir hilar más fino. ¿realmente es necesario para seguir mejorando?

Principalmente va a depender del punto en el que te encuentres. Lo primero que tendrías que pensar, es si estás siguiendo una planificación de entrenamientos acordes a tu objetivo. Ya que esto te hará mejorar mucho más sin duda.

Teniendo una buena estructura de entrenamientos, podemos encontrar otras herramientas más económicas para sustituir los Watios y poder seguir mejorando.

¿Cómo entrenar y mejorar sin potenciómetro?

Los watios suelen ser utilizados para comprender a qué intensidad debes ir durante tus entrenamientos, se determinan unas zonas de intensidad y cada intervalo corresponde a una intensidad de manera creciente.

Simplemente conociendo las sensaciones que deberías tener en cada una de estas zonas y/o el tiempo límite que se ha estudiado que puedes pasar en ella, podrías ser capaz de realizar el mismo entrenamiento con o sin potenciómetro.
Esto te va a requerir un tiempo de educación sobre tu percepción del esfuerzo. Pero puede llegar a ser igual de eficaz que ir siguiendo watios.

Zonas de Potencia asociadas a sensaciones (Mikel Zabala)

Por ejemplo, si tuviésemos potenciómetro, realizaríamos un entrenamiento para mejorar nuestro UPF (Umbral de Potencia Funcional) haciendo 4 intervalos de 15 minutos a los watios asociados a la Zona 4.

Sin embargo, este mismo entreno lo podemos realizar haciendo 4 intervalos de 15 minutos yendo a un ritmo que percibamos que seríamos capaces de mantener durante una hora hasta el agotamiento, al cual tendremos la sensación de “ir con el gancho”.

Otra alternativa, o complemento, puede ser guiarnos por la frecuencia cardiaca. Que, a pesar de tener algunas desventajas respecto a la potencia en cuanto a variabilidad, es una herramienta muy válida y muy económica. ¿Quién no tiene una banda de pulso que puede conectar a un pulsómetro o al smartphone?
Con ella también podremos establecer zonas de intensidad y llevarlas de referencia a la hora de entrenar.
En el ejemplo anterior, sería ir a x pulsaciones por minuto durante 15 minutos cuatro veces.

Combinando la frecuencia cardiaca y la sensación del esfuerzo, podremos entrenar de forma metódica sin echar en falta el potenciómetro a la hora de mejorar.

Al fin y al cabo, el cuerpo no entiende de watios y números, sino de estímulos que le fuerzan a crear adaptaciones y por tanto, mejorar nuestro estado de forma. Y eso se pude conseguir sin potenciómetro sin duda alguna. 

Texto escrito por Pablo RAL, graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Máster en alto rendimiento de deportes cíclicos y entrenador especializado en deportes de resistencia.

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