La guerra entre la UCI y SRAM continúa: nuevo recurso para salvar el límite a los desarrollos
La UCI no se rinde en su batalla contra SRAM y volverá a llevar a los tribunales el polémico límite a los desarrollos máximos. Apenas dos semanas después de que la justicia belga respaldara nuevamente a la marca estadounidense y tumbara el proyecto de restricción de desarrollos, el máximo organismo del ciclismo ha anunciado que presentará un nuevo recurso ante el Tribunal de Casación de Bélgica, la instancia judicial más alta del país.
La UCI llevará el caso SRAM al Tribunal Supremo belga
La decisión fue confirmada tras la última reunión del Comité de Gestión de la UCI. En un comunicado oficial, el organismo defendió que el denominado Protocolo de Máximo Desarollo Permitido formaba parte de las iniciativas impulsadas por SafeR para mejorar la seguridad en el ciclismo profesional.
Según explicó la propia UCI, el test de limitación de desarrollos tenía como objetivo recopilar opiniones y datos sobre la posible implantación futura de límites a las relaciones de transmisión utilizadas en competición.
Sin embargo, la federación considera que las resoluciones judiciales emitidas hasta ahora han aplicado criterios demasiado laxos para bloquear la medida y que el alcance de la revisión realizada por los tribunales belgas ha sido insuficiente. Por ello, ha decidido presentar un nuevo recurso ante el Tribunal de Casación.
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Un conflicto que comenzó con el piñón de 10 dientes de SRAM
El origen de todo el conflicto se remonta a 2025, cuando la UCI planteó un test experimental para limitar los desarrollos máximos utilizados en el pelotón profesional.
La propuesta establecía una relación máxima equivalente a un plato de 54 dientes combinado con un piñón de 10, lo que suponía un avance máximo de 10,46 metros por cada pedalada. Aunque la medida se presentó como una iniciativa de seguridad destinada a reducir las velocidades extremas alcanzadas en algunas carreras, el proyecto afectaba de forma directa a SRAM.
La compañía estadounidense es actualmente el único gran fabricante que utiliza de forma generalizada cassettes con piñón mínimo de 10 dientes en sus grupos de carretera. Para cumplir la normativa habría tenido que modificar o incluso inutilizar mecánicamente esa corona en competición.
SRAM respondió argumentando que no existía ninguna evidencia científica que relacionara directamente los desarrollos más largos con un mayor riesgo de accidente. Además, defendió que la velocidad final de una bicicleta depende de numerosos factores, como la cadencia, la longitud de las bielas, el tamaño de las ruedas o el ancho de los neumáticos.
Dos victorias judiciales consecutivas para SRAM
La primera gran victoria de SRAM llegó en octubre de 2025, cuando la Autoridad Belga de Competencia (BCA) suspendió cautelarmente la aplicación del protocolo apenas unos días antes de que debutara en el Tour de Guangxi.
Posteriormente, la UCI recurrió aquella decisión ante el Tribunal de Mercado de Bruselas. Tras varios meses de intercambio de documentación y una audiencia pública celebrada en abril, la justicia belga volvió a alinearse con la autoridad de competencia y confirmó el bloqueo del proyecto.
La sentencia conocida el pasado 21 de mayo supuso un duro revés para la federación internacional, que además fue condenada a asumir diversos costes procesales simbólicos.
Pese a las derrotas acumuladas, la UCI mantiene intacta su postura. Durante los últimos años la seguridad se ha convertido en una de las prioridades estratégicas del organismo, especialmente tras el aumento de las velocidades medias registradas en pruebas como la París-Roubaix o algunas etapas del calendario WorldTour.
La federación considera que limitar los desarrollos podría contribuir a controlar esas velocidades máximas y reducir ciertos riesgos en carrera. No obstante, hasta ahora los tribunales belgas han cuestionado principalmente la forma en la que se diseñó y aprobó la medida, más que el objetivo de seguridad perseguido.
Un caso con implicaciones mucho más amplias
La nueva apelación prolongará una batalla legal que ya se ha convertido en uno de los enfrentamientos más relevantes entre un fabricante y el máximo organismo regulador del ciclismo moderno.
Más allá de si finalmente se limita o no el tamaño de los desarrollos, el caso está marcando un precedente sobre cómo pueden introducirse futuras regulaciones técnicas dentro del deporte profesional. La cuestión de fondo ya no es únicamente si un piñón de 10 dientes es seguro o no, sino hasta qué punto la UCI puede imponer cambios técnicos que afecten directamente a fabricantes, equipos y corredores sin un consenso más amplio dentro de la industria.
Por ahora, lo que parecía una derrota definitiva para la UCI está lejos de haber terminado. La última palabra la tendrá ahora el Tribunal de Casación belga.