¿Puede una pequeña descarga en la oreja mejorar tu forma física? El nervio vago entra en escena
Durante décadas, el entrenamiento, la nutrición y la recuperación han sido los tres pilares sobre los que se ha construido el rendimiento deportivo. Sin embargo, una línea de investigación todavía muy incipiente está poniendo el foco en un cuarto factor: el sistema nervioso. En concreto, varios estudios recientes han analizado cómo la estimulación transcutánea del nervio vago (tVNS) podría mejorar la capacidad de ejercicio, aumentar el VO2max e incluso reducir la inflamación, dos aspectos especialmente interesantes para ciclistas y deportistas de resistencia.
La estimulación del nervio vago emerge como una posible vía para mejorar el rendimiento físico y la recuperación
El nervio vago es uno de los principales canales de comunicación entre el cerebro y el resto del organismo. Participa en funciones tan importantes como la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión, la respuesta al estrés y los procesos inflamatorios. Forma parte fundamental del sistema nervioso parasimpático, encargado de favorecer los estados de recuperación y reposo tras el esfuerzo.
Un estudio encontró mejoras en el VO2max tras una semana de estimulación
El trabajo que más atención ha despertado fue publicado en 2025 en el European Heart Journal y estuvo liderado por el profesor Gareth Ackland, del William Harvey Research Institute de la Queen Mary University of London. La investigación analizó a 28 adultos sanos que utilizaron un sistema de estimulación no invasiva del nervio vago durante 30 minutos al día a lo largo de una semana.

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Los resultados mostraron una mejora media del 3,8% en el VO2max, uno de los indicadores más utilizados para medir la capacidad aeróbica. Los participantes también registraron incrementos en la potencia alcanzada durante el ejercicio, una frecuencia respiratoria más elevada en esfuerzos máximos y una mayor capacidad para sostener cargas de trabajo intensas.
En términos absolutos, la potencia máxima aumentó una media de seis vatios y el VO2max mejoró en 1,04 ml/kg/min respecto al tratamiento placebo. Además, cuando los participantes utilizaron un dispositivo idéntico pero sin estimulación eléctrica activa, esas mejoras no aparecieron.
Menos inflamación y mejor recuperación
Otro de los aspectos que llamó la atención de los investigadores fue la reducción de determinados marcadores inflamatorios observada tras la estimulación. Aunque este análisis se realizó únicamente en una pequeña parte de los participantes, los resultados sugieren que una mayor actividad vagal podría ayudar a modular la inflamación sistémica.
Para los ciclistas esto resulta especialmente interesante porque la inflamación juega un papel importante tanto en la adaptación al entrenamiento como en los procesos de recuperación. Un mejor control de la respuesta inflamatoria podría traducirse en una recuperación más eficiente entre sesiones exigentes o tras competiciones de larga duración.
¿Por qué podría funcionar?
Los investigadores creen que la clave está en la relación entre el sistema nervioso autónomo y el rendimiento físico. Tradicionalmente se pensaba que las personas con mejor condición física desarrollaban un tono vagal más elevado gracias al entrenamiento. Sin embargo, los datos actuales sugieren que esa relación también funciona en sentido contrario.
Un tono vagal elevado favorece una mejor regulación cardiovascular, una recuperación más rápida de la frecuencia cardíaca tras el esfuerzo y una respuesta fisiológica más eficiente durante el ejercicio. Según los autores del estudio, estimular el nervio vago podría actuar sobre estos mecanismos neuronales y mejorar la capacidad del organismo para tolerar esfuerzos intensos.

Aunque la investigación no se realizó específicamente con ciclistas ni con deportistas de élite, los resultados abren una vía muy interesante para los deportes de resistencia.
Los propios investigadores consideran que todavía es pronto para hablar de una aplicación práctica en el deporte profesional, pero reconocen que el rendimiento deportivo forma parte de los escenarios que están explorando actualmente. De hecho, Ackland llegó a afirmar que los resultados obtenidos han puesto “la mejora del rendimiento deportivo sobre la mesa de posibilidades”.
Mucha prudencia antes de sacar conclusiones
Pese al interés generado, los propios autores insisten en que se trata únicamente de una prueba de concepto. El estudio incluyó solo 28 participantes sanos con una edad media de 34 años, por lo que sus conclusiones no pueden extrapolarse todavía ni a deportistas de alto nivel ni a personas con enfermedades cardiovasculares.
Además, todavía se desconoce cuál sería el protocolo óptimo, cuánto tiempo durarían los efectos o si atletas con un sistema nervioso ya muy adaptado podrían obtener beneficios similares.
El entrenamiento sigue siendo la mejor herramienta
Los expertos coinciden en que, por el momento, la mejor forma de aumentar el tono vagal sigue siendo el entrenamiento físico regular. El ejercicio de resistencia, especialmente combinado con sesiones de alta intensidad, mejora la recuperación cardíaca y fortalece los mecanismos de regulación autonómica de forma natural.
También existen otras estrategias asociadas a una mayor actividad vagal, como los ejercicios respiratorios lentos con espiraciones prolongadas, la exposición controlada al agua fría o determinadas técnicas de relajación.
La estimulación transcutánea del nervio vago aparece así como una tecnología prometedora que podría tener aplicaciones futuras tanto en salud como en rendimiento deportivo. Sin embargo, la evidencia actual todavía está lejos de justificar su uso como una nueva ayuda ergogénica para ciclistas, y serán necesarios estudios mucho más amplios antes de conocer su verdadero potencial.